La forma en que dormimos puede tener un impacto más profundo en la salud de lo que solemos imaginar. Estudios recientes destacan que dormir del lado izquierdo no solo responde a una preferencia personal, sino que ofrece múltiples beneficios para el organismo.
Esta posición favorece el drenaje linfático y glinfático, lo que contribuye a la eliminación de toxinas del cerebro y del cuerpo. También facilita la digestión, ya que la gravedad ayuda al tránsito de los alimentos a lo largo del sistema digestivo.
Además, dormir sobre el lado izquierdo puede reducir los ronquidos y la acidez estomacal, gracias a que el esófago queda en una posición más elevada que el estómago, disminuyendo el reflujo.
Otros estudios señalan que esta postura favorece la circulación sanguínea, mejora la salud cardíaca y beneficia el funcionamiento de órganos como el bazo y el hígado.
Un hábito tan sencillo como cambiar de postura al dormir puede convertirse en una estrategia preventiva y de bienestar, demostrando que los pequeños cambios diarios marcan una diferencia significativa en la salud general.
AFP